Historia, Esplendor y Futuro de la Minería en Salta
La historia de la minería en Salta es un extenso relato de extracción de minerales y metales, es la crónica en una geografía extrema, desde los altos valles de Salta, hasta la imponente y silenciosa Puna, moldeada por el esfuerzo humano, los ciclos económicos mundiales y la resiliencia de sus comunidades.
Por: Marco Antonio Liendro para Salta de Ayer, de Hoy y de Siempre
A lo largo de los siglos, la actividad minera en suelo salteño ha sabido reinventarse, transitando desde los saberes ancestrales de los pueblos originarios hasta convertirse en uno de los pilares de la transición energética global con el litio.
Mucho antes de la llegada de los conquistadores europeos, las comunidades originarias del altiplano ya habían descifrado los secretos metalúrgicos de la cordillera.
En enclaves ancestrales como Cobres (ubicado en el departamento de La Poma a unos 3.400 metros de altura), las poblaciones prehispánicas desarrollaron una minería y metalurgia del cobre de gran relevancia para la región. Estos objetos cumplían funciones ornamentales, rituales y de intercambio económico.
Durante el período virreinal, el rol de Salta trascendió la extracción local de metales, como la plata del nevado de Acay y el oro de Incahuasi.

Su posición geopolítica la convirtió en el corazón logístico del virreinato, fue la mayor plaza mundial de mulares. Sin las recuas de mulas criadas y engordadas en territorio salteño, el transporte de insumos y el sostenimiento de la frenética explotación argentífera en el Cerro Rico de Potosí habrían sido inviables.
En el Siglo XX se produce la soberanía energética desde la epopeya de altura. El Siglo XX transformó a Salta en un bastión de la minería estratégica nacional, impulsada por la necesidad del Estado de abastecerse de recursos críticos en contextos de posguerra y tensiones geopolíticas.
Entre las décadas de 1940 y 1980, la provincia se consolidó como la principal productora nacional de azufre. Este hito tuvo como epicentro a la Mina Julia y al Establecimiento Azufrero Salta (EAS) en La Casualidad, complejos ubicados a más de 5.000 metros de altura en plena Puna andina.
Levantar una ciudad obrera en condiciones climáticas extremadamente hostiles requirió una logística titánica, lo que motivó y justificó la emblemática construcción del Ramal Ferroviario C-14 (el recorrido del actual Tren a las Nubes).

La vida en La Casualidad era autosuficiente, con escuelas, cines, hospitales y familias enteras desafiando el frío extremo y la altura. Sin embargo, este sueño industrial culminó abruptamente entre el 21 y 22 de noviembre del año 1979, cuando un decreto militar de la dictadura (asociado a políticas económicas de apertura y desregulación de José Alfredo Martínez de Hoz) ordenó el cierre definitivo del complejo.
El impacto social fue devastador, decenas de familias desalojadas en pocas horas y el nacimiento de uno de los pueblos fantasma más impactantes de la Argentina.
Los años de diversificación, paralelamente, entre 1960 y 1980, la Mina Don Otto posicionó a Salta como la principal productora de uranio del país, un insumo vital para el desarrollo del plan nuclear argentino. A la par, la explotación industrial de boratos (ulexita) en los vastos salares puneños comenzó a liderar los mercados internos y externos, demostrando la versatilidad geológica de la región.
Si el siglo XX estuvo marcado por el azufre y los metales pesados, las últimas décadas del milenio sentaron las bases de la actual revolución tecnológica, los pioneros del Litio.

A diferencia de lo que muchos suponen, la historia del litio en Salta no es un fenómeno estrictamente del siglo XXI. En la década de 1970, científicos locales comenzaron a vislumbrar el potencial de los salares altoandinos. Nombres propios como el doctor Antonio Igarzábal y el ingeniero Rolando Poppi fueron verdaderos pioneros, iniciando los primeros estudios e investigaciones científicas en el salar Rincón, marcando el cas Nacer de la era del litio salteño.

En la actualidad, Salta atraviesa un punto de inflexión histórico. Impulsada por la transición energética global hacia fuentes limpias y movilidad eléctrica, la provincia se ha posicionado como uno de los destinos mineros más atractivos del mundo para la exploración y explotación de litio y proyectos metalíferos a gran escala.
La llegada de inversiones internacionales y la articulación público y privada han transformado radicalmente la matriz económica regional, generando empleo calificado y desarrollo de proveedores locales. No obstante, este vertiginoso crecimiento también plantea desafíos contemporáneos ineludibles:
La gestión sustentable del agua en cuencas hídricas hiperáridas.
El respeto y la participación activa de las comunidades originarias mediante consultas previas.
La necesidad de una infraestructura logística robusta que acompañe el despegue productivo.

La minería en Salta continúa escribiendo sus páginas en el altiplano salteño, un diálogo constante entre la memoria de sus antiguos mineros, el respeto por la Pachamama y la promesa de un futuro rentable para la economía salteña y el desarrollo tecnológico global.


